Septiembre de 2023 – A medida que evolucionamos de cuadrúpedos a bípedos, nuestros cerebros crecieron significativamente. Mientras fuimos cazadores-recolectores y mantuvimos la actividad física, nuestros cerebros se mantuvieron sanos a lo largo de nuestra vida. Cabe destacar que a menudo era una abuela quien lideraba el grupo de cazadores-recolectores y debía recordar adónde ir, qué tener en cuenta, qué buscar y cómo regresar. Al volvernos más sedentarios, nuestros cerebros se volvieron más vulnerables a enfermedades relacionadas con la demencia. Sedentario, porque estoy jubilado y no quiero hacer nada, o después de una hospitalización o la muerte de un familiar. Aumentar la actividad física (las Directrices Nacionales de Actividad Física recomiendan 150 minutos semanales de caminata, entrenamiento de fuerza y entrenamiento de equilibrio) ayuda a restaurar la integridad de la barrera hematoencefálica para evitar que sustancias que contribuyen a la demencia entren en nuestro cerebro. Es el cambio de comportamiento más eficaz para favorecer la longevidad y nos ayuda a seguir haciendo lo que nos importa. Cualquier aumento en la actividad física reduce significativamente el riesgo de desarrollar demencia. Además, cuando hacemos ejercicio, nos vemos más jóvenes que nuestros contemporáneos.
